Santo, santo en el nombre dios

El ordenado y nada brillante equipo de la San Martín hizo lo que un equipo peruano no suele hacer; no jugo como nunca ni perdió como siempre.
Un primer tiempo para el análisis –hay que aprender de los horrores - ; con un equipo paraguayo dominante, dueño total del terreno victoriano pero que – por suerte - no tuvo buen tino para el remate final.
La segunda etapa con “café cargado” de parte del chino Rivera levantó a un equipo en constante modorra; aunque quien siempre estuvo atento fue Pedrito García, quien no sólo fue el conductor del equipo si no también marcó en dos oportunidades a los 51’ y 59’; pero si esperaba un juego más holgado del equipo “santo” se equivoca; el Nacional como buen equipo paraguayo luchó hasta el último y tuvo su recompensa Hebert Arriola a los 72´ metió más que un gol, metió miedo porque el empate se venía, y era lo justo; aunque por suerte esta vez la justicia fue esquiva.
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