César Hildebrandt en su columna de La Primera le mandó una chiquita a la independencia y objetividad periodística de Beto Ortiz
1) De resultas del revolcón espantoso que sufriera la señora Cecilia Valenzuela de Hume a manos del impávido abogado José Ugaz, choque sin fuga que la amorató más que octubre y que le hizo recordar a sus amigos que los vestidos de seda no obran prodigios; de resultas de esa tunda, decía, el señor Beto Ortiz, que aspira a ser su amigo porque es lo único que le queda, invitó a la señora Valenzuela a grabar una entrevista que olía a frotación Charcot y a mimo póstumo y a sobadita casta. De algún modo, Ortiz quería consolar y “reivindicar” a su socia de horarios y Canal. Pero lo que pasó no lo pudo prever ni siquiera la bruja de Fujimori. Resulta que, enterado del ágape, Baruch Ivcher hizo lo que se hace con gente como Beto Ortiz, propietario de un rabo de paja que llega al ministerio público: le dio la orden de que no sacara la entrevista. Y Ortiz, más obediente que comandante ante coronel, acató. Y no dijo nada
Pero Beto en su programa de ayer - Enemigos Íntimos - sacó las uñas y se defendió echándole la culpa a la decidida y la flojera el que “La entrevista” a Cecilia Valenzuela no haya sido trasmitida.
Lo que si me causa harta gracia y quizás hasta pena; es que Cecilia Valenzuela (defenserosa del Manual de ética periodística en el caso Petrogate) alucina que le ganó cual mosquetero (Dartañan, según ella) a José Ugaz.; creo que no ha visto de nuevo el video; y si usted tampoco lo vio; véalo y déjeme su comentario :)


